Don Bosco, santo por todo, un santo para todos

Bosco angelesJuan Bosco es un santo, un modelo para muchos, sean creyentes o no. Sus obras han superado a lo que él hizo en vida o, mejor, lo que hacemos hoy forma parte de su vida: nos ha dado una viña, los trabajadores, las herramientas para trabajarla y el método más eficaz para cultivarla. Pero el espíritu va más allá, es lo mejor de la herencia.

Como persona humana tenía un temperamento, un carácter y una personalidad muy ricos. Pero ni los genes lo son todo, ni el ambiente familiar, ni la reflexión, ni las experiencias, ni la fe en Dios, ni la presencia del Espíritu. Es eso y es también lo que pone cada uno con su esfuerzo; la valentía para reflexionar y analizarse, para dialogar con los demás y con la vida, para aprender de los fracasos y de los éxitos; es la búsqueda y aceptación de los modelos de identificación, de los ideales cultivados, la satisfacción por lo bueno hecho y la insatisfacción por lo que se pudo hacer y no se hizo, y por lo que queda por hacer.

El creyente añade a esto la luz y la fuerza del Espíritu, a través de la Palabra, la oración, los sacramentos los testimonios de creyentes, la educación, la comunidad, la realidad que interpela, motiva y dinamiza…

Don Bosco es patrimonio de la humanidad, no sólo de la Iglesia y menos aún de la Familia
Salesiana. Es persona admirable, ciudadano excelente, educador inimitable, apasionado por los jóvenes y los pobres, es un revolucionario social y social. Encarna y propone la santidad de lo cotidiano, humaniza la espiritualidad y espiritualiza la humanidad, casa religión y humor.

Como hombre práctico, aprende de la experiencia (madre, familia, infancia, contexto social, vida del seminario, las dificultades para abrirse paso y mil más…)

Compagina muy bien inteligencia, corazón y pedagogía y el trabajo, la caridad y el sentido de la providencia. Vive y desarrolla en altísimo grado la coherencia vital y evangélica de sus opciones; vive y educa en el sentido de la vida. Adereza todos sus platos con el optimismo. Inexplicablemente fue un escritor prolífico (unos 140 libros o folletos) con el trabajo tan ingente que tenía (oratorios, atención pastoral, talleres, relaciones con organismos oficiales, eclesiásticos y civiles, buscar dinero para alimentar y dignificar la vida de los jóvenes, seguimiento personal de cada joven, estudios, educar desde el tiempo libre…). Se le considera un gran comunicador social: armonizaba y potenciaba la vida, la vocación y la técnica comunicativa.

Y fue -la historia lo atestigua- un modelador de personas, descubridor de talentos y orientador de vidas y conciencias.

Alfonso Francia

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Si nos dormimos nos matan o amordazan

boletin 83-84-1Todos comentamos los mensajes de tele, radio, calle, familia, política, Iglesia, mundo educativo, movimientos sociales y eclesiales, webs… en general los enjuiciamos negativamente. Existen innumerables comunicadores pero muy pocos de calidad. Abunda lo mediocre, lo rutinario, lo efectista, lo demagógico, lo intrascendente, el mal gusto.

No somos capaces los comunicadores, de motivar, concienciar, crear y ayudar a crear una nueva cultura humanizadora. La mala comunicación y la cobardía personal e institucional se unen para defender los grandes valores, sí, pero en las sacristías, en el calorcito de los grupos, de las aulas, de esos templos donde se reza, se anestesia el alma profética y se domestica la necesaria indignación y la lucha por los derechos humanos y los valores de la persona.

En nuestro ambiente cristiano, recuerdo lo que oí varias veces a los grandes comunicadores y periodistas: “ustedes los cristianos tienen los mejores mensajes y los peores comunicadores”.

Analicen ustedes desde esta clave los programas de los “Medios religiosos” y comunicadores cristianos: qué transmiten, cómo lo hacen, a quiénes llega, qué llega, cuál es la crítica que les hace la calle, cuál es la calidad técnica y la profesional…Con relativa frecuencia, estos medios se sostienen con voluntarios de buena voluntad pero de escasa formación.

Amenudo da vergüenza y rabia ver y escuchar programas religiosos, homilías y charlas que hacemos. Y da mucha pena que los mejores comunicadores laicos no tengan cancha en la gran comunicación del evangelio. Se desaprovechan, acallan o ignoran. Y es que muchas veces se ponen al frente de las empresas religiosas de comunicación, a personas de ortodoxia (la del jefe), de confianza, pero sin competencia y ni siquiera experiencia.

Y no se invierte en estos Medios, y se sigue navegando en pilas o peceras de agua bendita, o en el lago de los sueños, en el mar de los ensueños o en el océano de los bostezos.

Alfonso Francia

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Fútbol: ¿Tarjeta roja al Mundial de fútbol?

16164_ArbitrosEl fútbol es como el viento: está en todas partes, entra por las más pequeñas rendijas, hasta en los conventos, en la selva, en los rincones más insospechados (jóvenes de Andoas, y monjas conocían los nombres y características de la selección española).

El aire es vida fundamentalmente pero a veces es portador de virus y produce resfríos y pulmonías…

El fútbol nos trae a todos de cabeza, sí. ¿Y nos hace perder la cabeza? Todo depende de los ojos que miren, lo que vean e interpreten interpreten. ¿Hay que pitar “penal” al fútbol, sacarle tarjeta roja, clausurar el campo…?

Unos dicen que sí, otros que no. Y yo digo: unas cosas no son admisibles desde la clave de los valores, de la igualdad social, solidaridad, utilización del dinero, desde las energías y tiempo que se les dedica.

Pero ¿por qué es el deporte rey, apasiona a tantísimos de todos los continentes, razas, cultura, niveles de formación humana, de economía, credos, visión cristiana…?

Con realismo: Si no puedo acabar con el fútbol espectáculo y negocio, sí puedo aprovechar los grandes valores que conlleva para educar, concienciar y evangelizar.

Para mí el fútbol es un medio de interrelaciones y convivencia: en cualquier lugar puedo entrar en conversación aún con desconocidos, puedo sintonizar con los hinchas de mi equipo e incluso con los de los equipos adversarios.

Me quedo con lo mejor: es preferible dar patadas a un balón que dar patadas a las espinillas de los demás. Y si el Papa se proclama hincha del San Lorenzo de Almagro (fundado por un salesiano), con mayor razón puedo yo proclamarme hincha del Real Madrid, que es mejor, jajaja

Alfonso Francia

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