Nada mejor que el amor

Si miramos a Dios, sabemos que es amor y sólo amor. Y crea –nos crea- por amor. De todo lo creado, lo mejor es la persona. Y de la persona lo mejor es el amor. Y el mandamiento principal es el amor: a Dios, al prójimo y a sí mismo. Pero ¡es que en el amor está la felicidad! Y el cielo es el lugar del amor por excelencia, en plenitud sin mezcla de desamor ni de miedo, ni de celos.

Pues el cielo empieza aquí cuando somos amor, actuamos por amor, sembramos amor y recogemos amor.

Si compartes un dulce, disminuye. Si compartes tu techo, tu hogar, no disminuye. Si compartes amor, aumenta.

A San Valentín se le asocia con el amor de enamorados. Seguro que al santo le parece bien que los novios, los matrimonios se amen….Pero sufre un poco por que muchas personas no pueden disfrutar de ese amor.

Me lo figuro diciendo, quizás gritando, que se puede ser muy feliz, muy creativo amando a Dios y a los demás. Que hay quienes son felices amando a los que no aman, a los que son más infelices. Que hay quienes son felices ayudando incluso a quienes no ven pero saben que necesitan. Y Cristo dijo que debíamos amar incluso a los enemigos. Y sabemos -¿experimentamos?- que al perdonar y amar al enemigo –hasta donde se puede- da mucha felicidad.

Teresa de Calcuta se propuso que los moribundos sintieran la caridad o, mejor, el cariño sincero de alguien. No creo que los enamorados vivan tanta felicidad, tan profunda, tan humana, tan espiritual, tan definitiva como Madre Teresa o…. tantos que dan su vida para que otros sean felices o más felices.

Alfonso Francia

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El arte de motivarse y motivar

No estás en la moda del lenguaje si no utilizas la palabra “motivar”… Y no estás en la onda de la motivación eficaz si no te motivas a ti mismo o no te dejas motivar para llevar a cabo las buenas causas, muchas y posibles. Y tu vida personal, profesional, cristiana va contra Dios, contra ti mismo y contra la sociedad si no te motivas y si no motivas “adecuadamente”.” La motivación es la búsqueda de satisfacciones en los resultados que se pretenden”.

Al decir “por sus frutos los conoceréis”, se le da importancia a la realización, encarnación del bien; no se queda en buenos deseos, buenas palabras. Pero la moral exige “las motivaciones más humanas y las más cristianas”. Es inmoral, por ejemplo, dar una limosna para “ganarse” un cómplice, o para ganar votos en unas elecciones, o ayudar en la iglesia para hacerse ver, o llevar signos religiosos para obtener favores, un puesto de trabajo…

Si sólo miramos los “frutos”, lo que aparece, pueden darnos gato por liebre.

Los gestos, las palabras, las actitudes, los compromisos…pueden ser objetivamente buenos pero la intención, la motivación pueden ser malas y hasta perversas. ¿Vivimos en el reino de la mentira, del disimulo, de la hipocresía…? ¿Nos dominan las ganas de convencer, de dar buena imagen, de lograr objetivos no tan santos…?

Los que buscamos el bien, debemos ser muy conscientes, sinceros y valientes al analizar nuestras motivaciones por las que Dios nos juzga aunque la gente no lo haga. Y debemos ser muy precavidos, astutos para no dejarnos engañar por las apariencias de las cosas, palabras y de los signos de muchos.

Alfonso Francia

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Navidad, siempre novedad

En este acróstico defino –y me gustaría que definieras tú- mi sentido de la Navidad y de la vida, porque la vida debe ser una eterna Navidad: humanizar la divinidad (espiritualidad) y divinizar la humanidad.

Nacer siempre y Renacer. Nacer cada día podemos hacerlo cada uno. Renacer debemos hacerlo: renacer a la ilusión, los ideales, la fe…

Alimentar esperanzas. Dios crea, aviva, asegura y multiplica nuestra esperanza. Dios nos hace esperanza, pone en nosotros su esperanza y nos hace esperanza de otros muchos.

Vencer inercia y rutinas. Si el espíritu no se encarna cada día, si no se re-vive cada día, se acorcha, se plastifica, se muere. Hasta lo más sacrosanto: la fe, el amor, la amistad, la eucaristía, la confesión…pueden hacerse rutina.

Intentar metas más altas. Guerra a la mediocridad, al “ya he hecho bastante”, “ya he logrado bastante”, “ya sé lo suficiente” …Lema de los audaces e insatisfechos: “Cada vez más lejos, cada vez más rápido, cada vez más alto, cada vez más profundo”.

Defender siempre la vida: todo lo que es vida, durante toda la vida, incluso lo que sólo es esperanza de vida. Crearla, defenderla, aumentarla, multiplicarla, agradecerla, celebrarla, disfrutarla.

Apostar por la verdad. Cristo es camino, es VERDAD y es vida. La verdad de Dios, de la vida, de uno mismo, de tantos santos. La verdad, la sinceridad están devaluadas, la mentira está entronizada.

Dejar que Dios nos presida. Él es origen, es centro y meta de la vida. Presente en todo y en todos. Preside nuestra vida. Presidimos su corazón.

No es un reino absoluto. No acapara, no suple. Va adelante para abrirnos camino. Va detrás para empujarnos, para que no desfallezcamos ni abandonemos.

Alfonso Francia

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