Fútbol: ¿Tarjeta roja al Mundial de fútbol?

16164_ArbitrosEl fútbol es como el viento: está en todas partes, entra por las más pequeñas rendijas, hasta en los conventos, en la selva, en los rincones más insospechados (jóvenes de Andoas, y monjas conocían los nombres y características de la selección española).

El aire es vida fundamentalmente pero a veces es portador de virus y produce resfríos y pulmonías…

El fútbol nos trae a todos de cabeza, sí. ¿Y nos hace perder la cabeza? Todo depende de los ojos que miren, lo que vean e interpreten interpreten. ¿Hay que pitar “penal” al fútbol, sacarle tarjeta roja, clausurar el campo…?

Unos dicen que sí, otros que no. Y yo digo: unas cosas no son admisibles desde la clave de los valores, de la igualdad social, solidaridad, utilización del dinero, desde las energías y tiempo que se les dedica.

Pero ¿por qué es el deporte rey, apasiona a tantísimos de todos los continentes, razas, cultura, niveles de formación humana, de economía, credos, visión cristiana…?

Con realismo: Si no puedo acabar con el fútbol espectáculo y negocio, sí puedo aprovechar los grandes valores que conlleva para educar, concienciar y evangelizar.

Para mí el fútbol es un medio de interrelaciones y convivencia: en cualquier lugar puedo entrar en conversación aún con desconocidos, puedo sintonizar con los hinchas de mi equipo e incluso con los de los equipos adversarios.

Me quedo con lo mejor: es preferible dar patadas a un balón que dar patadas a las espinillas de los demás. Y si el Papa se proclama hincha del San Lorenzo de Almagro (fundado por un salesiano), con mayor razón puedo yo proclamarme hincha del Real Madrid, que es mejor, jajaja

Alfonso Francia

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Auxiliadora… ¡no sólo de los cristianos!

Nossa_Senhora_AuxiliadoraSomos los hijos los que compramos los vestidos de las madres, los que le cambiamos los nombres a nuestro gusto, lugar, época… Los que creamos las mil advocaciones de la Virgen.

¿Nos damos cuenta de que la profecía más verificable de la historia es: “todas las generaciones me llamarán bienaventurada?” ¡En todas las épocas y en todas los rincones del mundo…!

La Virgen es la misma con distintos ropajes. Toda la gente lo sabe.

Si aceptó ser madre de todos, se sintió sin duda, madre no solo de su Hijo Cristo sino también de los dos ladrones. Y acepta ser madre de musulmanes, budistas, ateos y pecadores de todas las especies.

Y si, como dicen las madres, quieren más a los hijos más débiles, María prefiere a los no cristianos, a los pobres, débiles, pecadores. Los cristianos ya tenemos demasiados bienes, atenciones y apoyos: los países cristianos son los más ricos, los de más cultura ( ¿) ¡y el mayor bien: Cristo! Nos sentimos hijos y amigos de Dios, no siervos, y contamos con su Palabra, la oración y sacramentos, la Iglesia madre, millones de hermanos y miles de testigos, santos, mártires, benefactores de la humanidad…

María nos da a Cristo y quiere que lo seamos y lo demos.

La Virgen quiere que tengamos confianza para acudir a ella como intercesora, que seamos agradecidos por tantos dones y que seamos evangelizadores que llevan a Cristo y comprometidos con los más pobres, débiles y pecadores.

Alfonso Francia

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María puerta de la vida

madreamorosaAl principio Dios Creador y Padre crea a la madre tierra, y al final crea al hombre como rey de la creación, y tras él, a la mujer. Y todo, todo, todo, por amor. Y cuando el mal y el pecado ganan terreno, hace al revés: crea primero a la Mujer, luego hace nacer de ella, al Hijo, Rey del universo.

Lo grandioso es que el Hijo nos da a su Madre como Madre nuestra para que nos acompañe siempre y nos proteja.

Eso nos lo dice la Biblia, la fe y la tradición y nos lo confirma la experiencia: vivimos la presencia y maternidad de María.

Aunque sólo fuera la Madre de nuestro Hermano Mayor y Salvador, Cristo; aunque sólo fuera nuestra madre; aunque sólo fuera la mujer ideal y la más madre de las madres, ya valdría la pena quererla, admirarla, tenerla a nuestro lado.

¡Qué pena es no conocer a la madre! ¡Qué pena no experimentar el amor de la madre! ¡Qué pena encontrar malas madres!

Es muy bonito y bueno, creer, ver y sentir a María como a la madre que nos abre la puerta de la vida, que nos abre a la vida. Y con Ella experimentamos que el parto de una madre dura toda la vida.

La vida y la ternura son los dos regalos mayores de una madre.

Alfonso Francia

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