Días largos, días amargos

Días largos, días amargos

Alfonso Francia

 

José, qué días tan largos,

y qué días más amargos

hasta que viste la luz

en aquel sueño divino,

que nos despejó el camino,

y tú volviste a ser tú,

con tu semblante y sonrisa,

tus ojos de enamorado

y con tus tiernas caricias,

igual que siempre habías sido,

como yo te había querido,

como yo te había soñado.

Siempre te soñé, amor mío,

como el más tierno marido,

trabajador y entregado,

cariñoso y dedicado

a nuestro hogar tan divino,

y con sabor tan humano.

La llena de gracia he sido,

la llena de gracia soy,

por ser la madre de Dios

¡y tenerte por marido!

Libro “Me enamoré de la vida”

Comments are closed.