Yo no quiero ir al cielo

Yo no quiero ir al cielo

Alfonso Francia

 


 

Conforme pasan los años,

-¿qué puedo decirte yo,

Señor, que no sepas tú?-

mueren muchas esperanzas,

crecen muchos desengaños.

De niño, joven o adulto,

nos duermen con cuentecitos,

promesas, besos y engaños,

vamos subiendo peldaños

de ideas y de experiencias,

de paciencias y de apaños.

Las canas, Señor, que peino,

-la gente dice : “que luces”-

ayudan a ver más claro

aunque no aumenten las luces.

No son el tíket de entrada,

de entrada a la eternidad.

Con semáforo ya en ámbar,

me pregunto más y más,

qué garantías nos das

al prometernos un cielo

de eterna felicidad.

Verás, Señor, ya verás,

la razón de mis temores,

la razón de mi inquietud.

La culpa la tienes tú,

yo soy de tus seguidores.

Cuando hablaste del calvario

y la muerte que tendrías,

a aquellos que más querías,

tus discípulos amados,

a Pedro, a quien tú confiabas

el gobierno de la Iglesia

y llaves del paraíso,

le leíste la cartilla

y le echaste un rapapolvo,

como no escuché jamás.

Al tiempo que lo hacías papa

lo hacías también papilla.

“Apártate, Satanás”,

le gritaste, y en qué tono,

siendo todo su delito

que te amara tanto tanto

que te quisiera alejar

de tu cruz y tu calvario…

¿No es un gesto extraordinario?

¿Así pagabas su amor?

¿Tú no pediste a tu Padre

que te alejara tu cáliz

el cáliz de tu dolor?

El pobre quedó hecho polvo…

Yo, ¿qué te voy a decir?

Si a tu papa haces papilla,

¿qué puedo esperar de ti?

Nadie conoce mejor

en su fondo y su verdad,

el infierno, el paraíso,

la bondad y la maldad,

a los santos y demonios…

y a tu amigo Satanás,

Sí, a ese que diste las llaves

-te lo vuelvo a recordar-,

y que me voy a encontrar

controlando el paraíso…

¡Cómo iba yo a imaginar

que hicieras esa faena?

¡No me lo puedo tragar!

Tú, Señor, no te equivocas,

ni nos puedes engañar…

¿Por qué, por qué haces a Pedro,

el único y gran guardián

de la Iglesia y paraíso…?

Si a ti te negó tres veces

y llamaste Satanás…

¿Cómo quieres que me fíe

y que lo quiera encontrar?

¿Al que es dueño del infierno

el cielo le quieres dar?

¿Qué garantías me das

de que el cielo no sea infierno

por toda la eternidad?

Por eso, Señor, prefiero,

mi cochina sociedad

con lo que tiene de infierno,

que el cielo que tú nos das,

que convertirá en infierno,

tu vicario, Satanás.

Si no me aclaras las cosas,

-creo que me entenderás-,

búscame otro paraíso,

que quiero contigo estar,

pero, por favor te pido,

no me mandes a ese cielo

que controla Satanás.

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