Poema del día

La bota de vino y el angelus

Alfonso Francia

 

Yo tengo un alma devota,

más devota a mediodía,

pues cuando suenan las doce,

a un tiempo empino la bota,

y rezo el avemaría.

 

Elevo la bota al cielo,

y me llueven gota a gota

las delicias del buen vino,

que me alegran el camino,

y las distancias acortan

entre amigos… y enemigos.

 

Y al saludar a María,

como el ángel, con mis rezos,

me llueven bienes divinos,

que me despiertan del sueño,

y me hacen andar caminos,

con fe y con coraje nuevos.

¡Vivan la bota y María

y vivan María y la bota!,

viva la gente sencilla,

¡viva le gente devota,

que une oración y alegría,

y todo el mundo lo nota!

 

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