La vida en silencio

La vida del silencio

(fragmento)

Alfonso Francia

silencio 

Señor,

Tú naciste en un establo,

alejado del ruido y la ciudad;

viviste durante años en retiro profundo

de amor y maduración;

te criaste con una madre que supo ser discreta,

con enorme capacidad de interiorización,

como si no tuviera la mayor de las categorías.

Creo que las cosas más grandiosas,

los momentos más cargados de humanidad y vida,

no se hacen en las plazas ni se adornan de gritos:

la oración, las declaraciones de amor, la intimidad

familiar,

la confesión, la actitud heroica de la madre,

el servicio callado y constante de quien cuida

de otro.

Lo más maravilloso del hombre es el amor.

Sucede con el corazón como con el mar:

la serenidad profunda, el amor profundo,

no están en las crestas de las olas o en lo superficial

de la relación,

el amor profundo está en lo profundo.

Es lamentable, Señor, que nos ciegue lo cercano

e inmediato,

y que no veamos tu obra formidable en el interior

de las vidas;

es horrible que, a fuerza de ruidos,

nos volvamos sordos y … hasta ciegos.

¿Por qué no surgirán profesionales

que hagan periodismo sólo con tantas cosas bonitas

como hay?

Ojalá, Señor, mi mente sea la página en blanco

en que cada día escriba

todo lo bello.

Tú serías el director de ese periódico,

aunque cada uno fuéramos firmando nuestro propio

artículo.

Ojalá no sólo veamos las noticias positivas,

sino que cada uno seamos siempre noticia positiva.

Libro: “Oraciones desde la vida”

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TUS SECRETOS

TUS SECRETOS

Alfonso Francia

secretos

No confíes nunca a nadie

sea lo que sea y diga,

tus secretos más secretos,

si no ofrece garantía

de dar incluso el pellejo

para defender tu vida.

Mejor es morir con ellos,

que encontrarlos algún día

en la plaza, en el museo,

o en boca de algún bocazas,

que cabalga con el viento.

Libro: “Educar con Fábulas”

 

 

 

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Recordando a los difuntos

 

Recordando a los difuntos

Alfonso Francia

Estos tres poemas con otros más, los hice como mensajes de esperanza y resurrección para recordar a nuestros difuntos. Pueden leerlos, comentarlos, rezarlos y utilizarlos en los momentos en que recordamos a nuestros familiares y amigos fallecidos.

 

difuntos 

Cristo de la buena muerte

Si te llamamos, Señor,

Cristo de la Buena Muerte,

es que gracias a tu amor,

nuestra muerte siempre es buena,

de las muertes, ¡la mejor!

Nunca cabe mejor suerte,

pues lo mejor de la vida

es siempre una buena muerte.

Qué diferencia, Señor,

Tú, que solo eres amor,

moriste desamparado.

Y el cristiano, aún pecador,

muere siempre acompañado

porque Tú y la Auxiliadora

en la ultimísimo hora

estáis los dos a su lado.

Resurrección

La Vida nace cantando

canciones de primavera

y marcha zigzagueando

entre alegrías y penas.

La muerte muere llorando

porque ha perdido su apuesta:

que la vida, con la muerte,

se hace vida sin fronteras.

Ellos suplen mi amor

No me llores, no me llores…

Y que no me llore nadie.

Si a lo largo de la vida,

mi amor nunca fue muy grande,

o no lo fue en su medida,

lo que le falta a mi amor,

lo pone mi Padre Dios,

Cristo y mi Madre querida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La noche

La noche

(fragmento)

Alfonso Francia

 noche

Siento, Señor, mi vida,

amasada de contrastes,

como la noche.

Cuando parece que la oscuridad

lo domina todo,

miro al cielo y veo la luz,

los millones de enormes luces

que llegan a mí,

casi insignificantes.

Las veo como millones de ojos tuyos,

sonrisas tuyas,

palabras tuyas,

simientes luminosas tuyas

que salpican de gracia toda mi existencia.

El miedo desaparece

y todo se llena de calma,

de serenidad.

Tu presencia me invade.

La gran noche ha vencido

a las pequeñas noches.

En el mar de la tranquilidad y del sosiego,

han desaparecido las borrascas

de mi jornada.

Tú dominas la noche.

Estás, Señor, erguido,

vencedor, alegre,

sobre el sepulcro del dolor y del pecado,

aplastando mis miserias

y mis desesperanzas,

y encendiendo la antorcha

de mi nueva resurrección de cada día.

Libro: “Oraciones desde la vida”

 

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Octubre misionero: Reflexiones sobre las misiones

Octubre misionero: Reflexiones sobre las misiones

Alfonso Francia, sdb

 

Sueños, opciones, realidades

Con 11 años tuve la primera sacudida espiritual hacia las misiones, hacia mi posible vida misionera. A mis 19 años, como salesiano en un colegio, creé un grupo misionero. Alimenté mis ideales durante toda mi vida a través de múltiples acciones educativo-pastorales en muy distintos ambientes, modalidades y niveles.

Mi formación fundamental es europea, pero la formación teológica y pastoral es fundamentalmente conciliar, “interpretada y en buena parte encarnada” en Latinoamérica.

A los 71 solicité venirme a América, concretamente al Perú. Prácticamente he dado talleres, retiros, encuentros, colaboraciones…en casi todos los países americanos.

A mis 80 años, ya 9 en Perú, decidí hacer estas reflexiones sobre las misiones. Domina con mucho la alegría por la riqueza de la evangelización de la Iglesia en todos los rincones, y con la alegría, la acción de gracias. También siento  el remordimiento personal por no dar yo la talla.  Me mueve la necesidad de comunicar ideas, sentimientos, experiencias, deseos de compartir la vida misionera, que es lo prioritario en la Iglesia, y poner otro granito de arena a los enormes recursos personales e institucionales de que disponemos. ¿Talentos aprovechados? Compartir no es sembrar cátedra ni ansias de buscar confrontaciones ideológicas, teológicas o experienciales. Cada uno estamos hechos y condicionados por el pasado, el presente y por un futuro que ya está influyendo en nuestro presente al pensar en el mañana.

 

Te expreso lo que tengo más a flor de piel

-Es maravilloso la cantidad de misioneros extranjeros (sacerdotes, religiosos y laicos). Su calidad humana y evangélica hasta dar la vida a menudo (sudor y sangre).

-Me entusiasma ver a tantos laicos voluntarios que se implican en tareas de promoción, educación, evangelización.

-Es maravilloso ver la cantidad de peruanos, creo que cada vez más, misioneros entre los pobres y  los no evangelizados.

– Me extraña y lamento que después de tantos años de independencia Perú necesite tantos misioneros extranjeros.

– También me extraña que siendo Perú unos de los pueblos más religiosos del planeta y con unas actitudes tan respetuosas, dóciles y bondadosas, no existan más inquietudes misioneras, más vocaciones religiosas y laicales, habiendo tantas zonas sin evangelizar o pobremente evangelizadas. Todos tenemos tendencia a convivir con lo que se hereda y se vive. Y cuando no vivimos como pensamos, acabamos pensando como vivimos.

– Me extraña que se concentren tan desproporcionadamente muchísimas fuerzas en las ciudades y tan pocas en las zonas más lejanas, más pobres y de culturas olvidadas o infravaloradas.

-Me extraña lo que se ve y se comenta: que en vez de preparar y potenciar a las misiones y formar misioneros, se saquen de sus zonas y ambientes a misioneros encarnados en la misión, para ocupar cargos más burocráticos o administrativos.

-Me extraña que no exista mayor sensibilidad misionera y que no se comprometan más las iglesias con la problemática social de los pueblos indígenas, de las minas, suburbios y polos de desarrollo o de miseria.

-Me extraña la facilidad con que organizamos la vida el mundo clerical,-religiosos o no-,  más como clase media acomodada, y centrados sobre acciones propias y heredadas, cerradas sobre ellas mismas, y con esquemas más bien doctrinales y de mantenimiento de lo que hay, sin garantías para el presente y menos aún para el futuro.

-Los “evangelizadores” de ciudad muy a menudo estamos formados, organizados y evaluados con esquemas de una clase acomodada, y con una pedagogía y pastoral de poca o nula creatividad, modelados por el entorno o el pasado.

En pocos casos es notoria la pasión, la urgencia y la audacia evangelizadoras.

-Me extraña la poca resonancia e incidencia de los Documentos de la Conferencia Latinoamericana en la Iglesia en general y del mundo misionero en particular. Suena a pecado personal y colectivo. Lo sufren sobre todo el pueblo y los sencillos.

-Me extraña el poco peso específico del mundo de las misiones en la Iglesia “oficial”. Parece que los misioneros “de vocación” están encerrados o enterrados en las misiones, mientras ocupan las sedes, cargos, las actividades y los Mas Media, los más instalados (obispos, sacerdotes, religiosos y hasta los laicos), que son los que más aparecen, dan la imagen  y llevan la voz cantante.

-Me extraña – y bien que lo siento- estar tan lejos de lo que nuestros hermanos sufrientes expresan, de lo que exige el evangelio, de lo que grita el Papa…

Parecemos, en la práctica, estar muy lejos de la revolución del evangelio, del amor. El discurso lo tenemos bien estructurado, y podemos llenar de citas del Papa nuestras homilías, pero la “máquina eclesial” va lenta y sin metas muy claras. A muchos -¿la mayoría?- nos falta una auténtica conversión, en la mente, en el corazón, en las opciones y en el método.

La pastoral sacramental es cómoda y gratificante. El pueblo llano está modelado en buena medida según las orientaciones de una cierta Iglesia pero han probado y prueban que son capaces de comprender y comprometerse en una línea más evangélica, comprometida y emprendedora. Es una opinión muy generalizada que faltan líderes, también líderes religiosos.

– Temo que la venida del Papa, sirva para afianzarse más en una iglesia organizadora, “triunfante” más que misionera y emprendedora. Temo que sea como fuegos de artificio, que llenen muchas horas de encuentro, organización y diálogos, sin la repercusión que debe tener en la Iglesia viva, comprometida y pascual con las opciones inequívocamente por los más desheredados y carentes de lo fundamental, entre lo que está le fe y la esperanza en Cristo y en los hermanos.

– Si es difícil marchar al ritmo del Evangelio, del Concilio y de los Documentos del Episcopado Latinoamericano, más difícil es marchar unidos, complementándonos y en actitud de constante conversión a Cristo y a los hermanos más necesitados.

-Procuramos todos ser testigos y sembradores de esperanzas. En parte todos lo somos. Pero creo que no basta con decir “esto que hacemos es también evangélico”, hay que preguntarse si es “lo más evangélico”, si responde a la globalidad de la persona, de la Iglesia y sociedad…Si partimos de intereses, ayudamos a descubrir necesidades y hacemos apostar por las posibilidades.

-Estoy convencido que no se forman misioneros sin convicciones y capacitación. No bastan solo discursos, los píos deseos voluntaristas ni una espiritualidad intimista. No se capacita solo definiendo y describiendo, como suele hacerse en la educación y la pastoral, sino que es imprescindible el entrenamiento del espíritu en los valores misioneros: vivir en Cristo, el entrenamiento en la sensibilidad, en la solidaridad, la capacidad de analizar y encarnarse en la realidad, entrenar en el esfuerzo, la negación de sí, la creatividad, espíritu de equipo y mil cosas más. No se forma para el fútbol solo con pizarras o en el futbolín, ni una orquesta definiendo los instrumentos y escuchándolos…

-La Iglesia más auténtica y viva es la misionera. Nunca existirá si no hay una cultura “de misión y de misiones”. Si no se sanan y potencian las familias.  Si la Iglesia sigue tan jerárquica, clerical, dogmática y tan encerrada en la pastoral de la doctrina y los sacramentos.

Bueno, hermanos y amigos, espero que cada uno lo piense, lo confronte, lo enriquezca y lo comparta. Gracias por enviarme tus aportes pues tú muy posiblemente tienes otra visión y otras experincias.

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